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El filósofo turinés, autor del concepto del nuevo realismo, habló de la necesidad de que la tecnología se oriente hacia fines compartidos.

FUENTE: Jorge Paredes Laos / El Comercio - 6 de marzo de 2026


Es uno de los filósofos más leídos de la actualidad. Su crítica al pensamiento posmoderno y su defensa de lo que llama ‘nuevo realismo’, es decir, una vuelta hacia los hechos y la objetividad, le han deparado una legión de seguidores. El profesor italiano Maurizio Ferraris (Turín, 1956) estuvo de paso por Perú, en donde atendió esta entrevista con el diario El Comercio (Lima).

Al criticar la posmodernidad, usted ha cuestionado la frase “No hay hechos, solo interpretaciones”. ¿El nuevo realismo pide devolver valor a lo objetivo frente a lo subjetivo?
El nuevo realismo nace exactamente de la constatación de que la sentencia de Nietzsche, convertida en eslogan posmoderno, ha producido más daños que beneficios. No porque las interpretaciones no existan, sino porque siempre presuponen algo que interpretar. Los hechos no desaparecen cuando los interpretamos y, sobre todo, no dependen de las interpretaciones para existir. En este sentido, el nuevo realismo no es un retorno ingenuo al positivismo ni una negación del papel del sujeto, sino una reafirmación de la fricción de lo real. La stultifera navis de nuestra contemporaneidad política nos ha acostumbrado a ver lo real como el juguete de un emperador que hoy quiere poner fin a una guerra y mañana desencadena otra. 

Pero esto no es solo comportarse como si no hubiera un mañana, sino como si no hubiera un mundo. Antirrealista es quien piensa que cada muerte es el fin del mundo. Y el antirrealista piensa solo en la suya. Por su parte, el realismo comienza cuando esta ilusión cae... El mundo no es lo que coincide con nuestro curso de vida, sino lo que estaba antes de nosotros y, sobre todo, lo que seguirá estando después de nosotros.

En ese aspecto, ¿cómo se relaciona el nuevo realismo con las nuevas tecnologías, la virtualidad y la inteligencia artificial?

El nuevo realismo suele ser malinterpretado como una reacción nostálgica al pasado, cuando está profundamente arraigado en el presente. Precisamente, la explosión de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial muestra hasta qué punto resulta urgente distinguir entre lo que está construido y lo que no lo está. 

Lo digital no cancela lo real, sino que lo multiplica, lo registra, lo transforma en huellas. La realidad virtual no es irreal: es una realidad dependiente de infraestructuras materiales, de energía, de trabajo, de datos. La inteligencia artificial, a su vez, funciona porque existen enormes masas de datos que proceden de nuestras acciones. 

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